Para nadie es un secreto que a las mujeres nos juzgan de chismosas, quizá ése no sea el termino adecuado si se entiende por chismosa la persona cuyas palabras descriptivas son la imprudencia y la falsedad. Algunas realmente lo son –hasta lo demuestran sin vergüenza- pero otras no. La generalización viene de esas reuniones entre chicas donde las miradas femeninas sugieren evidente complicidad, como si de un complot se tratara.
Para nuestra suerte, y envidia de los hombres, esas conversaciones entre amigas activa en el cerebro la producción de endorfinas, las hormonas del bienestar que el cuerpo produce naturalmente. Así lo dio a conocer un estudio ejecutado por el Social Issues Research Centre de Oxford, Gran Bretaña.
De allí el alivio que sentimos después de una buena sesión de “chismes” junto a las compañeras más cercanas.
Ya sea para despedazar a la presumida que le coquetea a tu novio, para desahogarse por la pérdida del último príncipe azul, por los problemas del hogar, porque ya no soportas el profesor que te ha quitado 5 puntos sin razón, por cualquier motivo –o sin él- sentarse a conversar durante horas entre risas y llanto le hace bien a nuestra salud, científicos lo comprueban.
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